Hallazgos arqueológicos demuestran la existencia del caballo en la Península Ibérica desde tiempos prehistóricos allá por la era glacial. Los caballos procedían de la rama europea descendiente del tarpán, el caballo salvaje del este de Europa por un lado, y por el otro del Przewalski, el caballo salvaje de las estepas de Asia Central en su versión del berberisco. Así pues, en la península se daban la mano las dos razas precursoras de todas las razas del mundo, conformándose así lo que conocemos como Pura Raza Española.
Estos caballos, fuertemente emparentados con el berberisco del norte de África, eran de capas oscuros y presumían de una agilidad y belleza inconfundibles. Inciatus el famoso caballo de Calígula era Español y Julio César admiró estos nobles y dóciles animales. Con la caída del Imperio Romano se producen las incursiones de los pueblos germánicos en la península, entre ellos los vándalos, que trajeron consigo sus caballos teutones (en versión Frisón antiguo) de pelajes predominantemente negros, infuenciando en pequeña medida a nuestros caballos autóctonos.
Pero no será hasta la invasión musulmana cuando el caballo español será infuenciado de manera gradual por los caballos berberiscos del Norte de África. Con el fnal de la reconquista, se inicia la historia moderna del caballo español, ya que desde fnales del siglo XV, los monjes de la Cartuja de Jerez de la Frontera se habían hecho criadores de caballos, y con ellos se conservaría el linaje más puro de la raza caballo cartujano.
En el transcurso del reinado de Felipe II de España, nacen las caballerizas y se funda en Córdoba la Yeguada Real. Durante la época dorada del Imperio español, la raza comienza su expansión internacional, especialmente por América, de la mano de los conquistadores, que fundarán en el Nuevo Mundo razas como Mustang, Criollo y Paso Fino, así como el Lipizano y el Kladruber en Europa.
Con el declive del imperio comienza una dura etapa para el Caballo Español, ya que se pone de moda cruzarlo con razas extranjeras como el Napolitano, con el consiguiente daño para la raza. Sólo la actitud de los ya mencionados monjes de la cartuja, además de unos pocos ganaderos, pudieron salvaguardar la pureza de la raza.
Hoy el Pura Raza Española goza de muy buena salud, y el Estado Español es su principal valedor a través de la yeguada militar.