Tras el despalillado y leve estrujado, la masa se enfría por medio de un intercambiador, descendiendo hasta los 4ºc en el caso de la uva blanca y entre 8º y 10ºc en el caso de las tintas. La uva pasa de manera automatizada y por gravedad al depósito de acero inoxidable correspondiente, donde macera en frío.
La fermentación alcohólica transcurre a temperatura controlada. Esto permite una mayor fjación de aromas en los vinos blancos, obteniendo vinos más varietales. En tintos las maceraciones son largas con remontados frecuentes, obteniendo una óptima extracción de materia colorante estable y buena calidad aromática.
Una vez concluida la fermentación alcohólica el vino pasa a la prensa neumática para evitar la extracción de taninos de pepita. La fermentación maloláctica, que supone la transformación de ácidos málicos a lácticos, se logra mediante la aplicación de calor.
El sumo cuidado empleado durante todo el proceso de vinifcación, tanto en los procesos mecánicos como en el control técnico de la uva, el mosto y el vino, nos permite ofrecer un control de trazabilidad del producto fnal.
Los vinos que cumplen con las exigencias físicas, biológicas y organolépticas deseadas son destinados a su envejecimiento en barrica. La duración de la crianza y el tipo de barrica empleada dependerá de las cualidades específcas de cada vino, la variedad de uva y el corte de vino deseado.
Las condiciones ambientales ideales para la sala de crianza (temperatura entre 12ºc y 15ºc y humedad alrededor del 75%) se alcanzan gracias al hecho de que la bodega está construida siguiendo la pendiente natural del terreno, por lo cual gran parte del edifcio está por debajo del nivel del suelo. Dicha construcción permite además trabajar por gravedad.